Escrito y editado por Eva Barcala Fresco

Son numerosos los corredores que han sufrido alguna vez la falta de motivación para salir a entrenar o continuar la sesión en los días difíciles. La psicología de la motivación ha tenido y tiene un puesto relevante en el panorama de la psicología científica en general y de la psicología del deporte en particular. La motivación es el motor del entrenamiento, condiciona el pensamiento y hace que el deportista se sacrifique en el día a día para alcanzar sus objetivos, controlando la fatiga física y/o mental, llegando hasta el final en cada sesión.

En ocasiones, mantener la motivación y el compromiso durante las largas fases de entrenamiento puede ser difícil. Para trabajar estos aspectos, en psicología deportiva, se emplean diversas técnicas y ejercicios de entrenamiento mental.

Una de las principales estrategias para mantener la motivación es el establecimiento de objetivos a corto plazo que conduzcan a una meta más ambiciosa. Éstos objetivos intermedios dirigen la atención y la acción del deportista hacia los aspectos más relevantes de la tarea, proporcionando una especie de guía. Además, ayudan a movilizar y a persistir en el esfuerzo, a mantener la atención en los aspectos importantes de la tarea y a dotar de significado sus acciones.

Un buen programa de metas debería cumplir una serie de requisitos para que resulte eficaz: objetivos específicos, explícitos y operativizables; que sean lo suficientemente difíciles como para suponer un reto, pero realistas y alcanzables; deben estar siempre formulados en términos positivos y no negativos; establecer un calendario de cumplimiento de retos y someterlos a un feedback periódico que debe contemplarse desde el principio. Esta estrategia, además, puede contribuir al control de otras variables psicológicas como la autoconfianza, la concentración, el nivel de activación, o la cohesión de equipo.

Otro aspecto fundamental en el mantenimiento de la motivación tiene mucho que ver con lo anterior, y consiste en ser realista en el planteamiento y desarrollo de los entrenamientos. Es fundamental ser exigente con uno mismo, pero estableciendo unos límites en función de nuestras capacidades. Si los entrenamientos son demasiado sencillos, el resultado esperable será apatía y falta de entusiasmo; asimismo, si subjetivamente para el deportista son demasiado complejos, igualmente habrá un déficit motivacional debido a la inutilidad percibida del esfuerzo, que desembocará en frustración.

Por otra parte, es imprescindible encontrar en la práctica deportiva otros focos motivacionales que no sean puramente deportivos, pero vayan de la mano. Por ejemplo, los beneficios sociales de la práctica deportiva. El entorno social es una de las principales fuentes de motivación, tanto en deportes individuales como colectivos. Formar grupos a la hora de salir a correr ayuda a afrontar de manera positiva el entrenamiento, a compartir sensaciones, a hacer partícipe al otro del disfrute o sufrimiento propios, derivando todo ello en una consecución de objetivos más sencilla y satisfactoria de la que cabría esperar individualmente.

Otro beneficio de la práctica deportiva, susceptible de ser motivador e independiente de la consecución de logros y metas deportivas, sería la mejora de características físicas y condicionales; por ejemplo la pérdida de peso, tonificación muscular, incremento de la resistencia y del bienestar, mejora de la autoestima, etc. Todos ellos obtenibles a partir de la práctica de ejercicio físico regular, pero sin la necesidad de llevar los entrenamientos al extremo cada día. Centrarse en estos aspectos ayudaría a mantener motivado al deportista en épocas en las que la forma física no es la mejor, como podrían ser períodos de exámenes o de mucho trabajo. Quizá en esos espacios de tiempo no se estén alcanzando metas ni logros a nivel deportivo, pero el mantenimiento físico sigue presente, aunque a un menor nivel.

Cada deportista tiene su propia fuente de inspiración y motivación, y encontrarla es fundamental para que pueda llevar a cabo sus entrenamientos exitosamente y siempre orientados a la consecución de sus objetivos. En términos de motivación, la Psicología del Deporte es una herramienta imprescindible, no sólo para mantenerla y encontrarla, sino también para aumentarla. Para conocer qué mueve a cada deportista, de qué manera, por qué y para qué; el entrenamiento mental es la base para un buen entrenamiento físico. Cuestiones, todas ellas, importantes a la hora de incrementar el rendimiento en los entrenamientos.