El equipo UPCD debutó como colaborador en la pasada edición de la Trailwalker, experiencia que valoramos de forma muy positiva en muchos sentidos, demostrando la importancia de la presencia de la figura del psicólogo del deporte en este tipo de eventos deportivos. En este post queremos compartir nuestra visión de algunos de los aspectos vividos en un muy especial tercer fin de semana de Abril.

Cuando nos despertamos el sábado por la mañana compartíamos la sensación de adrenalina que tenían muchos de los equipos participantes en la Trailwalker, ya que éramos conscientes que teníamos una gran jornada por delante, que nos depararía muchos retos a nivel personal y profesional. Y así fue.

Estuvimos en la salida para ver el ambiente que se respiraba en el único momento de las 32 horas que los más de 1.500 participantes estaban juntos. Después cada equipo tenía su planteamiento y su propio reto a cumplir. Estar allí, en el punto de partida así como siguiendo con el coche parte del recorrido que hacían los equipos nos transmitió mucha emoción y respeto por todas las personas que tuvieron el atrevimiento de sumarse al reto de Intermón. Allí es cuando te das cuenta que cada uno de ellos tenía una motivación muy fuerte por estar en la Traiwalker ya que el reto en sí para la gran mayoría es titánico. Esta teoría fue una de las que se fue reforzando durante el resto del día. Y sólo los que mantuvieron intacta esta motivación e hicieron piña con el equipo durante el recorrido pudieron lograr el reto completo: llegar los 4 integrantes del equipo a Sant Feliu.

Somos conscientes que nuestra presencia en la Trailwalker no dejó indiferente a nadie. Vimos mil reacciones al ver “psicólogo deportivo” en la camiseta o el cartel de la “Unidad de psicología y coaching deportivo”, desde los más escépticos hasta los más interesados en que les aportáramos todo nuestro valor. Sabíamos que estábamos innovando y que quizás nos costaría encontrar nuestro lugar al igual que ya lo hicieron en su momento los podólogos, los médicos y enfermeras o los fisioterapeutas.

Ante los marchantes y equipos que erróneamente no quisieron nuestro apoyo porque asociaron nuestra labor con la del psicólogo clínico, el que trabaja con “locos”, el que utiliza diván, el que sólo trabaja problemas, etc. decirle que la Psicología Deportiva no es nada de todo eso. Es una disciplina asociada a la corriente de la Psicología positiva, el rendimiento deportivo (a nivel individual y colectivo) y el coaching o entrenamiento de habilidades, cada vez más arraigada en el mundo del deporte tanto a nivel profesional como amateur.

A los marchantes y equipos con los que trabajamos directamente agradecerles enormemente su confianza y atención. En la mayoría de los casos fue nuestra proactividad la que inició el contacto, puesto que la mayoría de equipos desconocían qué les podía aportar un psicólogo deportivo. Al final fueron 124 equipos con los que tuvimos la oportunidad de intervenir, un 30% de los equipos que participaron en la TW. Mucho más de lo que nunca hubiéramos podido imaginar.

El trabajo con ellos en muchos casos consistió en interesarnos por el estado físico y anímico en el que se encontraban en ese momento. En saber cuáles eran sus expectativas sobre lo que

tenían por delante. En ver cómo estaba el equipo, el grado de sintonía entre los marchantes y el apoyo percibido por los supporters. En darles estrategias para afrontar el dolor o gestionar mejor las distintas situaciones que les deparaba la marcha. En ayudarles, en algunos casos, a asumir que los profesionales (especialmente podólogos) les recomendaban no seguir. O en darles estrategias para seguir con el reto que se habían propuesto, dejando de lado la idea que su ritmo bajo estaba perjudicando al equipo. Muchas caras, muchas emociones y mucho agradecimiento.

Hubo momentos especialmente enriquecedores, como el trabajo realizado codo con codo con los podólogos. O estar haciendo psicología deportiva a las 4 de la madrugada en Llagostera, cuando la motivación por ayudar a los equipos a lograr su reto superaba la implacable necesidad de dormir para recuperar las fuerzas que fuimos transmitiendo a cada equipo. O la emoción de ver cómo equipos o marchantes que parecían tirar la toalla en Girona llegaban a la meta 44 quilómetros después, con caras de esfuerzo, dolor y, sin dudarlo, plena satisfacción.

Para todos nosotros (Rubén Bravo, Sara Albertí, Luis Jesús González, Dídac Membrives, Saulius Vasaris, Anna Güell, Jordi Pinsach, Anna Viana, Adrià Cendra, Lluc Sau y Anna Viñolas) sin duda fue UNA EXPERIENCIA CON MAYÚSCULAS!

Anna Viñolas @anna_psicologia

Rubén Bravo @rrbcc

UPCD Catalunya