Cuando pensamos en un equipo deportivo exitoso, es frecuente señalar como uno de los requisitos de dicho éxito la unión, la cooperación o, en otras palabras, la buena cohesión que tiene ese equipo en concreto. No obstante, ¿sobre qué estamos hablando exactamente cuando mencionamos la variable de cohesión?

Una definición bastante aceptada sobre la cohesión versa que ésta es un proceso dinámico que se refleja en la tendencia de los jugadores del equipo a no separarse y a permanecer unidos con la finalidad de conseguir sus objetivos de tarea y/o la satisfacción de necesidades afectivas de sus miembros. Básicamente, de esta definición podemos extraer cuatro características fundamentales. En primer lugar, la cohesión es multidimensional, es decir, las personas que componen un grupo se juntan y permanecen unidas por diversas razones. En segundo lugar, su carácter dinámico, dado que la cohesión puede variar a lo largo del tiempo. En tercer lugar, esta variable posee un dimensión instrumental en tanto que el equipo se forma con un propósito y posee una serie de metas. En último lugar, de esta definición se extrae la presencia de una dimensión afectiva en la cohesión, en la medida en que un equipo facilita un contexto para el desarrollo de relaciones sociales.

Dicho esto, y derivado de los últimos dos puntos de la definición de cohesión, cabe diferenciar entre dos tipos de ésta: Cohesión de tarea y cohesión social. La cohesión de tarea está vinculada al logro de objetivos y metas en un equipo. Por ejemplo, los “Golden State Warriors” de la NBA, seguramente tengan unas exigencias a final de mes o a final de año que deben satisfacer para seguir estando en lo más alto y que, además, serán diferentes a otro equipo de menor nivel. Estos objetivos no siempre se satisfacen pero al menos ayudan al equipo a motivarse de cara a afrontar los partidos. Por otro lado, la cohesión social se relaciona con el desarrollo y mantenimiento de relaciones sociales dentro de un equipo. A nadie le gusta estar en un equipo donde es rechazado, obviamente.

Con todo esto en mente, el cuerpo técnico de un equipo (fundamentalmente el entrenador y el psicólogo deportivo) debería identificar estos dos tipos de cohesión y reforzarlos en caso de que alguno se encuentre en niveles bajos. Como estrategia se puede optar por la creación de dinámicas grupales que fomenten el trabajo en equipo como una manera de simular la consecución de objetivos y que también faciliten las interacciones entre los integrantes del equipo en cuestión, permitiendo participar a las personas que no suelen mostrar su opinión dentro del mismo. Se trata, en definitiva, de idear situaciones dentro del entrenamiento que emulen la vida real o lo que se pretende conseguir en el equipo, y cuya resolución nos permite ver como se comporta cada integrante y, por tanto, lo cohesionado o no que está.