Por David Fernández Pazó

Seguramente si pido a un grupo amplio de personas elegidas al azar una definición del liderazgo, las respuestas no serán exactamente iguales pero compartirán una serie de elementos comunes, como influencia, interacción, carisma, o poder, entre otros muchos términos.

En la sociedad y, en concreto, en el deporte, todos parecen saber qué es el liderazgo y no se equivocan al citar ejemplos de liderazgo en Pep Guardiola o Greg Popovich, pero lo cierto es que no hay una definición exacta que contemple toda la complejidad que encierra esta variable. De hecho, pese a ser una variable muy antigua, todavía se sigue sin dar con una definición clara acerca de qué es. No obstante, algunos autores coinciden en señalar algunos aspectos comunes para que sepamos de que estamos hablando.

En primer lugar, se subraya que el liderazgo es un proceso, de tal forma que no se alberga en ningún tipo de característica del líder sino que es una relación dinámica entre el líder y los seguidores. En segundo lugar, éste implica influencia en los seguidores. En tercer lugar, este constructo se produce en un contexto grupal en el que los individuos persiguen un objetivo común. Y en último lugar, vinculado a lo anterior, tanto el líder como el resto de personas que conforman el grupo, tienen una meta compartida. Esto implica que ambas partes tienen que colaborar conjuntamente si se quiere alcanzar dicha meta.

Con estos aspectos en la cabeza, cabe subrayar que, en el deporte, usualmente se piensa en el entrenador como único líder que se encarga de que los jugadores alcancen su máximo rendimiento o promueve las interacciones entre los distintos jugadores, favoreciendo así el ambiente del equipo. El entrenador como líder es un hecho, pero, en todo caso, se trata de un líder formal, es decir, un líder que establece una organización, en este caso, el director deportivo de un club. Puede tener mayor o menor influencia en el equipo pero se trata, en todo caso, de un liderazgo de entrada basado en el poder que le otorga su puesto. Sin embargo, existe otro tipo de liderazgo, el informal, que nace como consecuencia de las interacciones entre los miembros del equipo. En otras palabras, un jugador dentro de un equipo a través de la influencia que tiene en establecer los objetivos de rendimiento o en la comunicación con los demás jugadores, puede convertirse en un líder informal.

Como conclusión, en un equipo dispondríamos de dos grandes tipos de líderes: el líder formal, más visible, en una posición superior en la jerarquía del equipo y el informal, más invisible, con el mismo poder que el resto de los jugadores del equipo pero que se ha erigido como líder debido a la influencia que tiene. Así pues, desde la psicología deportiva, se presenta fundamental trabajar con estos tipos de liderazgo en el equipo en que estemos trabajando, mediante entrevistas y cuestionarios, con el objetivo de lograr una correcta fluidez en la comunicación entre ambos tipos de líderes, y también para identificar al líder informal ya que, si se quiere transmitir un mensaje al equipo, seguramente la persona que tenga más credibilidad en ese momento sea el líder informal.